BIENVENIDO AL PARAISO

Aguas turquesa, arena blanca yuna variada oferta de actividades deportivas, gastronómicas, culturales y de ocio hacen de Formentera un destino perfecto.

FORMENTERA

 

 

Formentera es conocida en todo el mundo como el último paraíso del Mediterráneo. A la increíble belleza de sus playas de arena blanca y aguas cristalinas, se suman la paz y la tranquilidad que la han hecho célebre.
La isla cuanta con más de 20 kilómetros de playa. De la placidez de la playa de Migjorn hasta la exuberancia de Cala Saona, Formentera ofrece a los amantes del sol y la tranquilidad un sinfín de rincones inolvidables. Mención especial merecen Es Caló de Sant Agustí, que conserva alguno de los embarcaderos más hermosos de la isla, y, por supuesto, la playa de Illetes con aguas y arenas que te harán creer que estás en el mismísimo Caribe. Destaca con una de las puestas de sol más espectaculares que pueden verse en las Baleares.

Si por algo destaca Formentera como destino ideal para los buceadores, es precisamente por la gran oferta complementaria al modelo de turismo más enfocado al sol y playa, y es que a la variedad de oferta de deportes náuticos como la vela, el kitesurf o el windsurf, se suma su extensa red de caminos rurales ideales para recorrer paseando, en bicicleta e incluso a caballo.
 

Los paseos en kayak suponen uno de los mejores complementos para los buceadores que disfrutan de las actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza.

Los amantes de la buena gastronomía encontrarán en los restaurantes de Formentera su espacio ideal. No hay mejor manera de celebrar las vacaciones que degustando una buena ensalada pagèsa seguida de una frita de polp y uno de los muchos arroces tradicionales que aquí se preparan.

 

Formentera es una pequeña isla rodeada de un inmenso mar transparente, turquesa, cristalino. Es una isla baja, muy accesible, fácil de desembarcar y cómoda de pasear. Quizás por ello tardó mucho tiempo en ser colonizada. Posiblemente los antiguos mediterráneos la consideraban vulnerable, difícil de defender en una época que duró siglos de guerras, piratas, batallas, ataques, incursiones.

 

Formentera es un amor a primera vista, un auténtico flechazo. Sus aguas de un color único, tan bellas, son inolvidables. Tienen un tono azul a la vez intenso y suave, a la vez nítido y traslúcido. Contemplarlas es una invitación a zambullirse, a sumergirse. En esta isla el mar nos muestra su cara más amable y acogedora. 

 

La isla es pequeña y definida en cuanto a tierra pero inmensa marítimamente. Bajo sus aguas existe gran variedad de paisajes difícil de imaginar desde la superficie.
No en vano el curriculum submarino de la isla es impresionante. En diciembre de 1999 las praderas de hierbas sumergidas de posidonia del Parque Natural de Ses Salines fueron declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Siendo el único enclave natural tanto marítimo como terrestre que posee este prestigioso reconocimiento. Asimismo, la isla de Formentera fue reconocida en la primera edición de los premios Neptuno (2005) como elMejor Destino Nacionalpara el buceo. Formentera se está descubriendo en sí el potencial como destino para la práctica del submarinismo. 

 

HACIA UN TURISMO QUE CONVIVE CON LA NATURALEZA

Formentera no es sólo la isla habitada más pequeña de las Baleares sino sin duda alguna la más desconocida. Al no tener aeropuerto sólo es posible acceder a ella por mar a través de su único puerto en La Savina. Esta circunstancia acentúa su insularidad, acrecienta su aislamiento, aumentando su atractivo y dándole un toque mágico especial que le rodea. En cuanto desembarcamos en el puerto, respiramos ese aire de paz y tranquilidad que le caracteriza y la hace ser un lugar diferente. A la sombra de la famosa Ibiza y aislada por su doble insularidad, ha llegado a nuestros días como una auténtica joya natural. Aquí el verano es cálido y fresco, el invierno transparente y templado, flanqueada por un mar que dulcifica su temperatura y amortigua los extremos.

En pleno año 2006, todavía podemos tumbarnos en sus playas de blanca arena y agua cristalina con la visión del mar a nuestro frente y de las dunas y bosque de sabinas a nuestra espalda, sin torres de apartamentos ni paseos marítimos, como un espejismo de como fué la costa mediterránea. El aislamiento en que ha estado hasta hace pocos años, ha propiciado su mejor conservación frente a la poblada costa peninsular. Ahora Formentera vive la paradoja de que la fuente de sus ingresos es su actual amenaza. Cada verano miles de personas y embarcaciones vienen atraídas por esta pequeña joya natural para bañarse en sus playas consideradas entre las mejores del mundo, a bucear, a navegar o simplemente a disfrutar de su tranquilidad. Desde la isla se intenta regular esta situación, protegiendo su patrimonio natural conciliando conservación y explotación turística, potenciando un turismo más acorde con la observación y conservación de su naturaleza.

De hecho en el Plan de Marketing 2005-2010, elaborado por el Patronato de Turismo del Ajuntment de Formentera, y recién presentado cataloga al submarinismo como una actividad prioritaria. Con ello la isla ha adquirido el compromiso de impulsar esta actividad estableciendo zonas para la inmersión, impulsando la conservación del medio marino, etc.

No existen muchos lugares en el mundo que brinden condiciones tan excepcionales para bucear. Visibilidades medias de 30 metros y máximas de 50-60 metros, temperatura del agua durante 6 meses entre los 22 y 26 grados y siempre un mar en calma gracias a los resguardos que la isla ofrece a los diferentes vientos mediterráneos. Con estas condiciones las inmersiones se convierten en auténticos paseos submarinos.

UN FONDO MARINO DE LUZ Y COLORIDO.

Las zonas de buceo están repartidas a lo largo de toda la isla e islotes vecinos, no sólo dentro del Parque Natural. El disfrute de la belleza del mundo submarino no esta reservada exclusivamente a los buceadores titulados. Cada día son más los que se adentran al agua equipados simplemente con unas gafas y un tubo. 

Cabe destacar en Formentera la gran variedad de paisajes submarinos que caracteriza a la zona: cuevas, paredes, pecios, praderas de posidonia –las mejor conservadas del Mediterráneo-, etc. Debido a la diversidad topográfica presente en los fondos que rodean la isla, existe una gran diversidad de hábitats para dar respuesta a las mil y una exigencias de la vida marina. Si a esto unimos la variedad de orientaciones como sólo es posible en una pequeña isla, encontramos la explicación a tan elevada variación en un espacio tan reducido. Formentera es como un escaparate de la vida marina mediterránea. 

 

En los acantilados dominan las zonas umbrías sobre las soleadas lo que favorece el desarrollo de las formas animales sobre las vegetales que se ven desplazadas ante la falta de luz. Surge ante nosotros un mundo multicolor compuesto por briozoos, nudibranquios, esponjas, poliquetos, etc. La limpieza de las aguas ausentes de sedimento favorece el desarrollo de esta colorida comunidad marina.

Los procesos geológicos de carácter kárstico acaecidos hace miles de años cuando el nivel del mar se situaba por debajo del actual y las Baleares eran por entonces una sólo isla, propició la formación de numerosas cuevas y túneles en las costas de Formentera. Las cuevas y grietas submarinas originan juegos de luces que se filtran a través de la superficie y contraluces que originan auténticos paisajes de fantasía, con lagunas interiores dentro de las cuevas con amplias burbujas de aire donde es posible caminar. Una auténtica delicia para los fotógrafos submarinos. Encontramos estas cuevas a pocos metros de la superficie en numerosos puntos de la costa: Punta Rasa, Ses Espardell, Es Cap, Punta Rotja, etc.

Durante siglos el hombre ha navegado por el Mediterráneo, desarrollando una intensa actividad económica. Ánforas, restos de pecios, son parte del legado sumergido, testimonio de la cultura mediterránea que podemos encontrar. En Espardelló el fondo esta plagado de restos de ánforas esparcidas entre las rocas y arena. Mientras buceamos evocamos los momentos de temporal, del

barco y su tripulación luchando para no sucumbir, de desconcierto en cubierta, la fragilidad del hombre ante el todopoderoso mar. En poco tiempo los naufragios pasan a ser un hábitat artificial. Con paciencia e intensidad cientos de especies del biodiverso mundo marino transforman el objeto recién llegado, sea grande o pequeño, y lo integran en el paisaje marino.

Aunque nosotros somos submarinos y de mar, Formentera no es sólo un lugar para sumergirse. Es la isla de los caminos. Hay poca carretera pero muchos caminos que si los investigamos en bici o pie, nos llevan a través de campo y bosque. Uno de los últimos reductos de los hippies y de los verdaderos artesanos. Un paraíso para la vela, donde el windsurf, los catamaranes, recorren las pequeñas calas, la Isla de Espalmador, Ses Estanys des Peix. 

 

 

El Mediterráneo es un mar acosado por la presión humana: sobrepesca, urbanización, contaminación, turismo masivo, etc., pero dista mucho de ser un mar muerto. En el todavía persisten oasis de vida como la isla de Formentera mínimamente inalterados que tenemos que proteger a toda costa frente a las acciones arrolladoras del hombre.

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